Entre los casi cien discos que guardaba en su refugio vacacional en el Castillo de Mey, en la costa norte de Escocia, se mezclan percusionistas caribeños, cantos tiroleses interpretados por un vaquero canadiense, La vie en rose, de Edith Piaf, discursos de guerra de Winston Churchill, piezas interpretadas con laúd, algunos musicales (Oklahoma! y el muy conveniente El rey y yo), grabaciones cómicas (de Peter Sellers y humoristas de la BBC, que aseguran que disfrutaba en compañía del príncipe Carlos), actuaciones de su gran amigo el dramaturgo Noël Coward o una sorprendente copia de Graceland, el disco en solitario que Paul Simon grabó en Sudáfrica en 1986 en el que fusionó pop con ritmos africanos y que globalizó el concepto world beat. el pais
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